Ya perdí
Ya perdí un amor sano y hermoso con sus matices de imperfección, ya perdí un trabajo tranquilo y estable, ya perdí tiempo, ya perdí el camino. Intento volver a ponerme cuerdo y sostenerme a la vi da pendiendo de un hilo. Hay escasos colores en el gris que tamiza mi mirada. Soy un poco Iñaki, el personaje de Rafael Lugo, pero sin la ingesta de alcohol suficiente como para encerrarme a llorar abrazado a una botella de tequila o whisky. Mis quejas no son tan poéticas como las de aquel personaje. No es la primera vez que pierdo, pero esta vez me llegó un combo de despedidas. La pérdida debe ser una de las etapas más difíciles de atravesar en la vida. Es como caminar por una acera y que, de pronto, antes de colocar el pie delante, todo el camino se vuelva un hueco profundo donde la única certeza es la caída. Como si el suelo donde segundos antes pisabas, ahora se hunda y no puedas seguir más. Aquello que estaba en tus manos, en tu cabeza, en la piel y en el corazón, se fue. Que no quedó ni ...