Rayuela nunca más
Decir adiós no es fácil cuando dices te amo y cierras la puerta tras de ti. Cuando no quieres irte, pero no queda opción. Sin otra vuelta que darle cuando la respuesta es un no definitivo. Extraño ese abrazo que casi podía sentir de solo pensarlo, y los besos al despertar y al terminar el día, fueron alimento; hoy son alpiste para el recuerdo, como diría el Pájaro Febres Cordero. No pude sospechar siquiera que los cambios que pedí para este año, en papeles que ardieron en el año viejo, se transformarían en nuestro final. Los deseos de año nuevo son una cosa peligrosa para mí de ahora en adelante. Siguen en mi memoria los detalles de una despedida en medio de lágrimas y maletas llenas de ropa. Una sucesión de hechos en piloto automático. No hay equipaje que resista las ganas de quedarse. Mientras iba en el bus de retorno con mi familia, mi mente seguía en el instante de ruptura y no podía asimilar lo que pasó. Ya no éramos dos, el sentido de pareja se había acabado. Los días siguieron...