Juguetes rotos
Vamos de nuevo al ruedo. No sé por dónde empezar si quiera, pero aquí voy. Quien ha tenido la infortuna de llegar hasta aquí, sabrá seguramente que la derrota se instala de inicio en mis textos y termina en algo mejor que no podría decir esperanza. Es mi forma retorcida de salir de la pérdida. Seguramente son los frutos de haber leído La Senda del Perdedor, de Charles Bukowski, que hicieron su efecto en mí. Con muchísimo menos whiskey que el poeta norteamericano me atrevo nuevamente a soltar lo que está dentro de mí. Pensé en no dirigirme a ustedes (a mí mismo en realidad), pero la desgracia hizo nido en el computador. Una novela fabulosa y de la que soñé publicar para hacerme con el Nobel fue borrada en un daño irreparable. Asentí que formatearan el aparato sin recordar que mi joya estaba dentro. Bueno, siendo sinceros apenas debí tener unas 30 y tantas páginas. Pero duele bastante porque parte de lo que fui y soy no lo podré volver a leer jamás. Ahora tendré la precaución de coloca...