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Rayuela nunca más

Decir adiós no es fácil cuando dices te amo y cierras la puerta tras de ti. Cuando no quieres irte, pero no queda opción. Sin otra vuelta que darle cuando la respuesta es un no definitivo. Extraño ese abrazo que casi podía sentir de solo pensarlo, y los besos al despertar y al terminar el día, fueron alimento; hoy son alpiste para el recuerdo, como diría el Pájaro Febres Cordero. No pude sospechar siquiera que los cambios que pedí para este año, en papeles que ardieron en el año viejo, se transformarían en nuestro final. Los deseos de año nuevo son una cosa peligrosa para mí de ahora en adelante. Siguen en mi memoria los detalles de una despedida en medio de lágrimas y maletas llenas de ropa. Una sucesión de hechos en piloto automático. No hay equipaje que resista las ganas de quedarse. Mientras iba en el bus de retorno con mi familia, mi mente seguía en el instante de ruptura y no podía asimilar lo que pasó. Ya no éramos dos, el sentido de pareja se había acabado. Los días siguieron...

Ya perdí

Ya perdí un amor sano y hermoso con sus matices de imperfección, ya perdí un trabajo tranquilo y estable, ya perdí tiempo, ya perdí el camino. Intento volver a ponerme cuerdo y sostenerme a la vi da pendiendo de un hilo. Hay escasos colores en el gris que tamiza mi mirada. Soy un poco Iñaki, el personaje de Rafael Lugo, pero sin la ingesta de alcohol suficiente como para encerrarme a llorar abrazado a una botella de tequila o whisky. Mis quejas no son tan poéticas como las de aquel personaje. No es la primera vez que pierdo, pero esta vez me llegó un combo de despedidas. La pérdida debe ser una de las etapas más difíciles de atravesar en la vida. Es como caminar por una acera y que, de pronto, antes de colocar el pie delante, todo el camino se vuelva un hueco profundo donde la única certeza es la caída. Como si el suelo donde segundos antes pisabas, ahora se hunda y no puedas seguir más. Aquello que estaba en tus manos, en tu cabeza, en la piel y en el corazón, se fue. Que no quedó ni ...

Un abril sin primavera

  El tiempo pasa y abril volvió, como volverá el año siguiente. Y así sucesivamente hasta que seamos recuerdos y olvido. Abril para siempre. Mi espacio cumple 2 años y celebro que aún puedo escribir aquí. No es mi mejor momento. Aún me cuesta admitir lo que sucedió este año. Incluso recientemente la vida me puso contra las cuerdas. El 8 de abril pasado me despidieron de una empresa a la que siempre le desearé lo mejor, al igual que a compañeras y compañeros: ahora los considero amigos. En medio de la desgracia pude hallar la gratitud y aunque, aún me duele, solo espero que lo mejor nos venga a todos. El destino fue caprichoso y no me dio lo que quería, aunque sigo en búsqueda de aquello que mi corazón desea realmente. ¿Quién me ha robado el mes de abril? , fue sin duda una de las canciones con las que empecé a vivir este tiempo.   Incluso antes de la pérdida laboral, pero si después de la pérdida afectiva. Es asombroso como el corazón se rompe y la vida sigue. Definitivament...

10 años después del terremoto en Ecuador

  La noticia me llegó, como buen ciudadano, desde una historia de Instagram a través de una cuenta genial a la que sigo. Lo siguiente fue una pregunta: ¿Qué hacías aquel 16 de abril del 2016? Una fecha macabra para el Ecuador. La tierra decidió golpear las costas de nuestro país. Manabí sufrió demasiado. Familias enterradas en los escombros. Sangre y dolor en las calles. Gente corriendo desesperada. Llamadas a familiares y a la gente que amas para saber cómo estaban, para saber si aún estaban vivos y la desgracia no tocó la puerta. Inmediatamente vi la pregunta sobre qué hacía el día del terremoto, mi memoria se activó. En ese entonces estaba en una relación con una compañera de universidad y vecina de mi pueblo. Recuerdo que pasábamos prácticamente todo el día juntos. Únicamente ir al baño se convertía en una actividad en solitario. Y ese día, tras una pelea el día anterior o días anteriores, tenía pensado que lo nuestro no podía continuar. Lo dije en mi mente, pero jamás las pa...

Camus, Toty Rodríguez y un cementerio en París

  Entro en la sala de cine con mi soledad a cuestas. Decido asistir a una función gratuita ofrecida, como casi siempre creo, en la Cinemateca Ulises Estrella de la Casa de las Culturas Ecuatoriana. Previamente había visto el anuncio: Mi Tía Toty . No tenía muchas expectativas buenas, pudo más las ganas de no llegar a casa y aprovechar el tiempo con algo distinto. Y resultó ser una de las mejores decisiones ver en la pantalla grande a la primera actriz en darse una mucha en televisión nacional con Don Alfonso, ese ícono de las noticias. El film empezó con varias risas hasta llegar a las carcajadas, con el tiempo debido para contener lágrimas que no alcanzaron a salir y se quedaron atoradas. Es curioso como la vida nos permite conmovernos. Entiendo que hay muchas explicaciones para tal suceso, incluso científicas. Pero yo no soy médico ni científico, únicamente un lector y aprendiz de escritor. Con la emoción que me dejó en mi cabeza el documental, le solté a mi mejor amiga que si ...

Un relato adulterado

  Como comunicador de profesión, no de oficio, aprendí en las aulas universitarias que los relatos se pueden adaptar. No es mentira una noticia en sí misma. Un hecho es un hecho, pero omitir detalles a conveniencia, convierte al relato de la realidad en una visión alterada. Ahora bien. Hay niveles y niveles. Sobre todo, en política y en los medios, se repite lo que se quiere instalar en el público, en la audiencia que de tanto oír y ver, muchas veces termina repitiendo lo que dice el poder de turno. Desde esta trinchera, paño de lágrimas y mi espacio personal, no voy a debatir ideas políticas profundas. Han hallado en otros textos algo de contenido sobre eso. Pero no más. No, porque considero que cada persona es capaz de pensar la realidad y este no es espacio que quiero usar así. Defender políticos es algo que no recomiendo. Bien dice el refrán que mal paga el diablo a sus devotos. Mas bien, aprovecho esta oportunidad y estas líneas para decirles que piensen más de una vez lo qu...

Juguetes rotos

Vamos de nuevo al ruedo. No sé por dónde empezar si quiera, pero aquí voy. Quien ha tenido la infortuna de llegar hasta aquí, sabrá seguramente que la derrota se instala de inicio en mis textos y termina en algo mejor que no podría decir esperanza. Es mi forma retorcida de salir de la pérdida. Seguramente son los frutos de haber leído La Senda del Perdedor, de Charles Bukowski, que hicieron su efecto en mí. Con muchísimo menos whiskey que el poeta norteamericano me atrevo nuevamente a soltar lo que está dentro de mí. Pensé en no dirigirme a ustedes (a mí mismo en realidad), pero la desgracia hizo nido en el computador. Una novela fabulosa y de la que soñé publicar para hacerme con el Nobel fue borrada en un daño irreparable. Asentí que formatearan el aparato sin recordar que mi joya estaba dentro. Bueno, siendo sinceros apenas debí tener unas 30 y tantas páginas. Pero duele bastante porque parte de lo que fui y soy no lo podré volver a leer jamás. Ahora tendré la precaución de coloca...