Un relato adulterado
Como comunicador de profesión, no de oficio, aprendí en las aulas universitarias que los relatos se pueden adaptar. No es mentira una noticia en sí misma. Un hecho es un hecho, pero omitir detalles a conveniencia, convierte al relato de la realidad en una visión alterada. Ahora bien. Hay niveles y niveles. Sobre todo, en política y en los medios, se repite lo que se quiere instalar en el público, en la audiencia que de tanto oír y ver, muchas veces termina repitiendo lo que dice el poder de turno.
Desde
esta trinchera, paño de lágrimas y mi espacio personal, no voy a debatir ideas
políticas profundas. Han hallado en otros textos algo de contenido sobre eso.
Pero no más. No, porque considero que cada persona es capaz de pensar la
realidad y este no es espacio que quiero usar así. Defender políticos es algo
que no recomiendo. Bien dice el refrán que mal paga el diablo a sus devotos.
Mas bien, aprovecho esta oportunidad y estas líneas para decirles que piensen
más de una vez lo que ven en las declaraciones de un político. No importa si es
de izquierda o derecha.
Arranqué
de esa forma para notar cómo nos afecta lo que nos dicen. Sobre lugares, cosas
y personas. Piénsenlo bien. En el último caso es el más peligroso, porque,
aunque la intención sea “prevenirnos” sobre los peligros de otro ser humano,
contiene parcialidad, rencores y percepciones. De hecho, el humilde punto de
vista, puede terminar siendo devastador. En un adulto medianamente responsable
o que al menos busca conocer si es así la verdad, no hay mayor problema. Pero en
niños y adolescentes, la figura de autoridad de la madre, el padre o el adulto
a cargo, instalará una verdad, no tan verdad quizá.
Cómo
decía al inicio y ya que mencioné parcialidad, llegó el momento de estrujarme
un poco el corazón. En los últimos años, sobre todo, las enfermedades le
arrebataron a mi padre su sonrisa y sus palabras. Ha sido un golpe duro para la
familia y la razón de mi madre de justificar su aborrecimiento hacia él. Su
discurso es cruel muchas veces. Cómo les decía al principio, los relatos se
pueden alterar. Más aún cuando hay dolor y rencor almacenado durante años. Continúan
abiertas las heridas. A fuerza de repetición, le ha dejado claro que su lugar
es de un vago.
Y
duele pensar que repetí con ella mentalmente: “vago”. Entre otros adjetivos.
Como dije, esto es parte de una realidad, la de mi madre y la mía. Esa palabra
no lo es todo. También hay bondad en el cuidado, en cada comida servida, en
pequeñas acciones. Pero ninguna conlleva palabras de sostenimiento con él. La
bondad se asoma muy poco. La repetición hizo bien su trabajo y la definición en
la boca de los suyos también. ¿Somos lo que dice nuestra familia de nosotros?
Ahora pienso que sí. Hay unos valientes que, seguramente, llenos de rebeldía,
desafiaron la autoridad y dijeron basta. Mi padre no tiene opción. Yo sí. Sus
condiciones actuales lo mantendrán allí hasta el fin de sus días.
¿Y
ahora? Limpiar mi parte del desastre. Seguramente no seré el mejor hijo. Está
muy claro en el párrafo anterior. Tampoco es un título que haya buscado
conseguir. Solo quiero que las cosas sean más livianas con mi padre, y que el
relato que narró mi madre no me afecte más de lo que ya pasó. Que ese relató
adulterado ya no cumpla su función de tomar solo una parte de la realidad. El
pasado entre ambos es un pasado que no me corresponde sufrir. Bastante trabajo
tengo ya con mis propios dolores.
Ya
no deseo juzgar cosas del pasado que no son mías siquiera. No soy un héroe del
presente. ¿Dije héroe? Más bien con lo expuesto, sería un juez severo, con las
leyes en las manos y la ética por los suelos. Ese falso peldaño que nos hace
creernos en posibilidad de decir cómo debe ser el otro. De definirlo en
palabras no muy buenas. Tristemente la construcción verbal de quien nos hizo
algún daño, nos obliga a pensar en una verdad desde el rencor. Solo una parte
fue cierta. Eso no es todo. Es necesario el contraste.
Aquí
un concepto lindísimo del periodismo. Contraste. No empezaré una segunda
disertación sobre eso. Solo decir que es necesario poner las cosas en una balanza
no trucada. Solo ser justos. Justicia no es lo que nos conviene, sino que cada
cosa ocupe su lugar. Si nosotros pensamos algo malo de los otros, ellos
seguramente hacen lo mismo. Y hay verdades ahí. Pero el cuento tiene inicio y
final. Así que también deben existir cosas positivas. No todo es gris. Ya no.
Por
ahora mí espacio es la purga de corazón y cabeza.
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