Un abril sin primavera
El destino fue caprichoso y no me dio lo que quería,
aunque sigo en búsqueda de aquello que mi corazón desea realmente. ¿Quién me
ha robado el mes de abril?, fue sin duda una de las canciones con las que
empecé a vivir este tiempo. Incluso
antes de la pérdida laboral, pero si después de la pérdida afectiva. Es
asombroso como el corazón se rompe y la vida sigue. Definitivamente las
desgracias nunca vienen solas. Pero en medio de las lágrimas por todo esto, me
abrazo por elegir terapia psicológica para mejorar mi vida, lejos de las
expectativas de una mente soñadora.
He llorado en los últimos días, lo que no he llorado en
unos cuantos años. Las lágrimas cubrieron mis mejillas, mientras mi corazón se
agitaba queriendo escapar a los sucesos. Sentía caer en la nada sin nadie en la
orilla que me auxilie. Cómo lanzarme a la mitad de una piscina sin la menor
idea de natación. Felizmente la realidad no corresponde con esta metáfora de la
derrota. Mi circulo familiar y mis amigos me sostuvieron en esos momentos de casi
absoluta oscuridad y negación. Cuando nada cobra sentido y la realidad golpea.
Acá no puedo dorar la píldora y decir que siempre vendrá
algo mejor. Tener seguridad es algo más que palabras bonitas. Pero tal vez sí.
Lo que no pasará mágicamente como yo deseo o ustedes que leen mis líneas. Esa
ilusión de despertar mañana con todo sobre la mesa y la cama. Que al abrir mis
ojos solo contemple la tranquilidad y ser feliz. Todo ello lastimosamente es
una cruel ilusión que se vuelve trizas en el instante que la realidad me llama
para que baje de las nubes. Porque, aunque tarde o a la fuerza o por
desgracias, llega el momento de hacerse cargo de uno mismo.
A fuerza de caídas y derrotas, he aceptado algo que un
amigo me dijo hace muchos años. La felicidad son momentos. No puede ser un
estado permanente. No por muchas razones. Un amor que se fue, la pérdida de un
ser querido, la pérdida de un trabajo, la desgracia en la carretera, las
enfermedades, en fin. Son tantas cosas dolorosas las que pueden ocurrirle a un
ser humano. Sufrir es parte de estar vivo. Sin romantizar, esto es así. No hay
muchas razones ni lógica que darle, solo aceptar que así sucede. Que no somos
“los guerreros favoritos de Dios”.
Si algo puedo decir para alumbrar esta oscuridad es tener
mucha fuerza para cuando la mente insiste, una y otra vez, con la pregunta que
se hace Sabina: ¿Cómo pudo sucederme a mí? No lo sé. Talvez si es una
consecuencia de nuestros actos o solamente un resultado caprichoso del destino.
Todo depende de cada uno. Porque si todo encajara donde es justo, en el mundo
no morirían niños inocentes en guerras absurdas y animales no sufrirían crueles
torturas. Lo digo para aclarar que no siempre lo que sucede es el resultado de
un hecho en el que estemos involucrados. No siempre tenemos responsabilidad.
Nada es absoluto ni sempiterno.
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